ATLETAS QUE CORREN POR LECHE

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ATLETAS QUE CORREN POR LECHE

– 13 de Junio de 1935 (Long Island , EEUU). El vigente campeón mundial de los pesados, Max Baer, se buscó para defender su título a Jim Braddock, quien fuera hace nueve años el mejor púgil amateur del mundo.

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Hoy Jim ya era viejo, la “gran depresión” del 29 le había dejado sin contratos, con kilos de más y con sus brazos muy tocados de descargar mercancías en los muelles.

La crisis obligó a Jim a rellenar con agua muchas tinajas de leche para sus tres hijos, por eso acabar con el hambre de su familia era la única motivación para aceptar la monumental paliza.

Rueda de prensa del día anterior al combate:
¿Por qué quieres tú ganar el combate Max?
-Quiero demostrar al mundo que soy el mejor de la historia. El no1 –respondió el campeón-.
¿Y tú Jim?
–Yo por leche. Nadie entendió la respuesta. Nadie excepto su mujer situada tres filas más atrás.
Al día siguiente, contra pronóstico, ganó Jim.

Han pasado más de 75 años y a mí, que no entiendo nada de boxeo, me parece demasiado actual.

Existen dos tipos de carreras populares, en las que se piden papeles a los supuestos “favoritos” y en las que no. Éstas, conocidas en el argot como “de medio pelo”, además de contar con menos presupuesto es donde se prodigan atletas talentosos, aún poco conocidos y en situación irregular. Sin ir más lejos el polémico excampeón de Europa de cross de origen etíope Alemayehu Bezabeh, corrió muchas hasta que regularizó su situación.

En la última carrera popular en la que participé (de medio pelo) la victoria fue para un atleta africano poco conocido.

Sólo pedían una firma al recoger el sobre con el premio en metálico de 300 euros, no pedían papeles.

Sé que el no los tenía.

Bajó del podium apresuradamente, sin hablar con nadie cogió de la mano a un niño de unos dos años (como mi hijo Hugo) que aleccionadamente le esperaba y se perdieron por las calles.

Yo me vine contento, sin premio por supuesto.
Pero es que cualquier padre sabe que con 300 euros se compra mucha leche.

Roberto García Ferreras.

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