Cuando resignarse no es una opción

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Carlos Jovellar Martínez

Carlos Jovellar Martínez

W.LARIOS/C.CALLEJA. A veces la vida te enseña a golpes. La historia de Carlos Jovellar es la de alguien a quien, de la noche a la mañana, se le esfuman buena parte de sus certezas. Pero sobre todo de quien no se resigna y aspira a superarse día a día.

Clínicas CIO

¿Como comenzó todo?

En Marzo del 2004 mientras estaba preparando las oposiciones de Policía Nacional. Fue entonces cuando sufrí un accidente en el que estuve a punto de perder la vida y me produjo graves lesiones. Fue un accidente de tráfico. Yo iba en moto y chocó contra mi un coche que venía de frente. A raíz de ahí me cambió la vida.

¿A qué tipo de lesiones te refieres?

Tan graves que mis padres llegaron a autorizar la amputación de la pierna izquierda. Llegué en helicóptero al hospital, con la pierna literalmente colgando por los isquios. aparte de las costillas y brazo. Los médicos y los fisioterapeutas me dijeron, en primer lugar que me quedaría en silla de ruedas. Después las previsiones fueron cambiando a andar con muletas de por vida y más tarde a resignarme para siempre a caminar con una muleta ya que con una pierna sólo podría apoyar.

¿Cómo te afectó?

Caí en una profunda desgana. No quería hacer deporte. Ni siquiera verlo por televisión, porque pensé que nunca mas podría practicar nada. Me negué a resignarme. A cabezón no me gana nadie, me dije que tenía que luchar aunque implicara sufrimiento. Esa fue mi premisa, “luchar y sufrir”, pero tenía que volver a caminar solo: sin muletas, ni nada. Algo que los médicos me decían que no sería posible.

¿Que recuerdas después del accidente, que fue lo primero que se te pasó por la cabeza?

Cuando desperté lo primero que pensé fue que tenía que hacer las pruebas físicas de la oposición. Estuve una semana molestando a mi madre repitiéndole que me tenía que examinar y que estaba perdiendo la forma… No era consciente de la realidad, estaba con calmantes muy potentes, ajeno a todo. Empecé a ser consciente cuando los médicos me intentaban hacer ver que no podría caminar, y también cuando empecé a ver mis heridas. Perdí la rótula y el tendón rotuliano, parte de la cabeza de la tibia y el peroné… Cuando las veía, porque eran abiertas, empecé a ser consciente y me entró una pequeña crisis. Pero me marqué un objetivo: volver a caminar. Como era un caso tan raro me plantearon varias posibilidades de operaciones y recuperaciones. Y ¿Por qué no?

¿Qué papel jugaron los médicos?

Me hicieron una plastias que consistía en estirarme el cuádriceps para sustituir el tendón rotuliano y empalmarlo con la tibia, pero el cuádriceps quedaba muy debilitado. Durante cuatro o cinco meses hice rehabilitación. Parecía que funcionaba, pero al forzar, se debilitaba y se volvió a romper un día al resbalar. Volví al hospital otros 25 días y fue entonces cuando me plantearon la posibilidad de hacer algo que nunca se había realizado. Varios médicos de León consideraron la posibilidad de aplicar el estudio estadounidense que consiste en implantar un tendón de Aquiles de un banco de donantes, para sustituir el rotuliano. Era la primera vez que se hacía en España y no tenían referente. Me preguntaron si me arriesgaba y por supuesto respondí que sí. Si con esto podía volver a caminar, adelante.

Y aquí viene el interés de un club inesperado…

Sí, mi tratamiento despertó la curiosidad de los preparadores físicos de clubes de fútbol, entre ellos el del Real Madrid. Su médicos Alfonso del Corral y Pedro Chueca me ayudaron mucho. La operación salió bien y me plantearon la posibilidad de hacer la rehabilitación con los médicos del Real Madrid. Cada 15 días iba a Madrid con mi fisioterapeuta le daban unas pautas y luego trabajábamos de forma autónoma.

¿Fue dura la rehabilitación?

Se sufre mas que en ningún momento. Pero cuando esto implica un objetivo que cambiará tu vida, luchas lo que no está escrito. Pasé un año muy duro. Sesiones de cuatro o cinco horas por la mañana y de dos a cuatro horas por las tardes todos los días. No había fines de semana. Este era un caso del que no había referencia. No sabíamos cuanto se podía doblar o forzar etc. Se trataba de trabajar e ir viendo sobre la marcha. Costó mucho llegar a doblar el tendón de Aquiles para hacer la función del rotuliano. Fue duro hasta que llegué a los 95 grados de flexión, sólo llego hasta ahí.

Dentro de este proceso ¿cual fue tu mejor día?

No sabría decir. Era tan, tan lento… De un día para otro apenas había milímetros de avance y muchas horas de lucha constante. Había días en los que estaba bajo de moral y suponían un paso atrás. Luego para recuperar lo perdido, tenía que estar una semana… Fue duro.

¿Y el peor?

Una vez nos pasamos con el esfuerzo y el tendón se desgarró. Tuvimos que empezar de cero cuando ya llevábamos unos meses, era la tercera vez que pasaba…

¿Alguna vez pensaste en dejarlo?

Sí, sí. Muchas. Pero luchas por la gente que tienes alrededor. Por tu futuro. No quería una muleta toda mi vida ni que los demás estuviesen tristes por ello. ¡Luchas porque tienes que tirar y punto! Como en una competición cuando te quedas y dices, “tira para adelante y aprieta los dientes”.

¿Cuánto tiempo duró la rehabilitación?

En total dos años. Gracias al apoyo de mis padres y de mi hermano todo salió bien. Sin ellos, habría sido imposible.

¿Cómo fue la sensación de volver a caminar sin muletas?

Las primeras veces fue en el agua. Era una sensación muy buena. Cuando puedes soltar la muletas y tener las manos libres para hacer lo que hiciste toda tu vida, es increíble. No recuerdo el primer día como tal, sí recuerdo las primeras veces que salía a la calle y mi madre o mi hermano me querían ayudar y yo no quería. Pensaba, ‘si me caigo me levanto’.

Una vez que vuelves a andar, no te detienes ahí y decides intentar correr.

Nunca me conformé con lo que me dijeron los médicos. Eso sí, (risas) la primera que intenté correr, me mareé. Me puse blanco me tuve que sentar. Fue en una cinta en el gimnasio. Cuando terminé la rehabilitación me apunté a un gimnasio. No puedo dejar de ejercitar la pierna, si lo dejo pierdo masa muscular y se debilita en poco tiempo. Lo volví a intentar y entonces fui consciente de que corría. Pensé, ‘si puedo correr, puedo hacer lo que me dé la gana’. ¡Aunque fuesen sólo seis minutos! (risas) 

¿Las primeras veces en bicicleta?

Ya montaba en bicicleta antes de quitarme las muletas. Es más: el trayecto desde Santa María a La Bañeza lo hacía en bici cuando tenía rehabilitación. Me negaba a depender de nadie para desplazarme. Esto logró que empezara a tener un fondo físico, y llegado a este punto tengo que nombrar a Pedro Ignacio Cuevas, fue él quien siempre me animó a más, y a dar el paso de apuntarme a la escuela de Triatlón.

Con Pedro Ignacio Cuevas (solo un poco locos)

Con Pedro Ignacio Cuevas (solo un poco locos)

Hace unos meses tuviste otro incidente…

Eso fue otra historia para no dormir. Estaba corriendo la liga cross y cuanto más entrenaba, menos corría y eso no podía ser. Tras varias noches sin dormir y algunas pruebas, finalmente me hicieron un escaner con contraste y vieron que tenía trombos en los pulmones y fue un infarto pulmonar. Me ocurrió dos meses antes de ir a Lisboa. Esto sí que fue un golpe duro. No me di cuenta de que esta enfermedad era grave, y no lo asimilaba. No sientes dolor pero está ahí. El trombo se fue a los pulmones, pero si se va a la cabeza o al corazón… No quiero pensarlo.

En tu situación plantearse el triatlón ¿no es una locura?

Sí, pero ¡sólo un poco! (Risas) Saludo a SÓLO UN POCO LOCOS, un grupo de gente que hacemos honor al nombre y que somos como una familia, muchas de las cosas también es gracias a ellos.

¿Cómo fue el salto al triatlón?

Mi primer objetivo era andar. Cuando lo conseguí, no me planteaba competir o hacer otro deporte. Vengo de una familia muy deportista. Cuando pasaron unos años, se me encendió la bombilla y me lo planteé. Siempre me gustó el ciclismo y correr. Se lo comenté a los médicos, pero no me animaron. Me decían que mi rodilla podía no estar preparada para eso. Pero las sensaciones eran buenas y ahora estoy compitiendo y no se me da mal del todo teniendo en cuenta como tengo ‘la piernina’.

M.Pellitero

Foto: M.Pellitero

¿Ya te habías fijado antes en esta disciplina?

Conozco a Pedro (por Pedro Ignacio Cuevas) desde que era niño y siempre le había visto a él que lo hacía y siempre me llamó la atención. Pero hasta que finalmente me lo planteé pasaron muchos años. Nunca es tarde. Llevo desde el 2013. He conseguido volver a disfrutar y encontrar una ilusión -en parte perdida- como el entrenar y disfrutar de las competiciones, ver a la gente que te anima… Mucha de esa gente que entrena conmigo y sabe lo que me pasó y lo que tengo ha sido la que me animó a contarlo para que quizás a algunos les sirva de algo y se animen. Si yo puedo ayudar a alguien o esto les sirve, el objetivo estaría cumplido. Es más, esto es un vicio, esto es como una especie de adicción positiva.

¿Qué tiene para enganchar tanto?

La gente tiene que probarlo. Creo que es menos lesivo, puedes sustituir disciplinas dependiendo de las circunstancias, siempre tienes algo para hacer.

¿Compites en las categorías normales?

Sí, no me planteo otra cosa. Sé que tengo la discapacidad que tengo pero nada más. Sé que tengo mis limitaciones y de ellas no puedo pasar. Pero mi planteamiento no es ir a ganar, sino ir a acabar y sobre todo a disfrutar. No planteo inscribirme en otro tipo de competiciones.

¿En qué competiciones participas?

Triatlón de Lisboa 2014

Triatlón de Lisboa 2014

En triatlón y en tri-cross. Lisboa fue nuestro primer triatlón y el inicio para muchos. Me sorprendió mucho. Hice la distancia olímpica: 1.000m. nadando, 50km bicicleta, 10km corriendo, es la distancia que me gusta. Hice un puesto 32 en la general y seguí entrenando con mis compañeros, gente increíble y maravillosa. Tiramos unos de otros y la mejora de uno la vivimos como logro propio. Recuerdo un Triatlón en Mota del Cuervo muy divertido. La natación se hacía en piscina y fue gracioso, la piscina se movía más que el mar. En tricross las distancias no son tan largas, pero es muy divertido. La bicicleta es de MTB y me veo bien. Hemos estado casi siempre entre los 20 primeros.

Ahora ¿cuáles son tus objetivos?

Seguir siendo mas cabezón cada día (risas) y hacer un Medio Iron Man, Lisboa, Riaño… Un par de ellos casi seguro que caerá.

¿Ironman?

La palabra mágica: Ironman. Me lo plantearé cuando termine el primer medio y reflexione un par de días. Ya diré si puedo o no… Todo necesita una experiencia y la veteranía es un grado. Cuando has practicado, sabes donde están tus limitaciones y donde no.

¿Un consejo?

Me gustaría que mi experiencia pudiese valer a alguien que pueda tener una lesión o una pequeña minusvalía. Ojalá les anime a que prueben. A intentarlo y seguro lo consiguen. ¡Fuera dudas!

Si yo puedo ellos también. Que se lo repitan, yo lo hago cuando tengo algún bajón. Me pasó en una carrera de poca distancia. Sufrí mucho. Fue la primera vez que me paré en el kilómetro cinco, incluso me planteé retirarme. Al final, pese al sufrimiento, bajé mi tiempo en tres minutos. También me ayudó el hecho de que en esa carrera debutaron personas a las que yo animé a comenzar en este mundo. Me encantó verlos allí, por ellos merecía la pena y no podía defraudarles, especialmente a mi hermano.

 

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